domingo, 27 de marzo de 2016

“No se lo deseo a nadie. El tráfico de niños es terrible”


“Una noche mi padre me dijo que nos íbamos a Nigeria. Cogimos el coche y cuando llegamos nos encontramos con una señora que le dio dinero. Cuando lo cogió el dinero, me dijo que lo esperara, que iba a comprar pan. Yo me quedé callado. Se fue, huyó y me dejó allí. Tuve miedo. Me decían que barriera la casa, que fregara los platos”, explica Rachidi, que tenía 11 años cuando su padre lo vendió a una mujer para que se encargara del trabajo doméstico. Con el dinero, 20.000 CFA (unos 30 euros), quería saldar unas deudas. La vida de Rachidi se truncó. Fue explotado y maltratado. Un día, cuando la señora lo mandó a hacer un recado con su hija, aprovechó para fugarse. Entonces vivió en la calle, comiendo lo que encontraba y durmiendo en el mercado.

“Una mujer me encontró y llamó a la policía”, cuenta Rachidi. Los agentes hablaron con el misionero salesiano Juan José Gómez, quien lo acogió en el centro Don Bosco de Porto Novo. El niño nunca había ido a la escuela. Después de cinco años en el centro, los salesianos encontraron a su madre, Anne Yekpon, y hoy Rachidi vive de nuevo con ella. “No se lo deseo a nadie. El tráfico de niños es terrible”, comenta la señora Yekpon. Su padre volvió a casa varias veces e intentó llevarse al niño para venderlo otra vez, pero gracias a la intervención del juez de menores, ha sido entregado oficialmente a la madre, impidiéndose así que sea traficado de nuevo. Rachidi ha recuperado su sonrisa y la confianza en el futuro: hoy es uno de los mejores de su clase.

Miles de menores son traficados todos los años en África occidental, muchos de ellos son vendidos por sus propias familias por alrededor de 30 euros y, en algunas ocasiones, con la promesa de que sus vidas van a mejorar al aprender un oficio. Pero la realidad es que estos niños y niñas son destinados a una vida de semiesclavitud, sometidos a todo tipo de abusos y vejaciones, trabajando de la mañana a la noche, lejos de sus familias y de sus países. Al no conocer la lengua del lugar, al no tener lazos ni relación con nadie de allí, se encuentran totalmente desprotegidos.



La gran frontera que Benín comparte con Nigeria hace de este pequeño país un lugar ideal para el tráfico de menores. Es una raya muy porosa donde una policía muy corrupta siempre mira para otro lado. La falta de recursos y una economía que depende fuertemente del contrabando con el país vecino facilita esta actividad. Pero también otros países como Gabón, Camerún, Costa de Marfil o la República Centroafricana reciben a menores benineses beneficiándose de este comercio ilícito.

Los niños y las niñas son vendidos o secuestrados para trabajar como siervos en casas, en granjas y plantaciones, en minas y canteras, en los mercados o son explotados sexualmente o utilizados como soldados. También son víctimas de las mafias que trafican con órganos o para sacrificios humanos. Práctica esta última muy presente en toda África occidental pero de manera muy especial en Nigeria.

Pobreza, falta de educación, desestructuración familiar, conflictos e inestabilidad, la impunidad de la que gozan los traficantes, la falta de medios de las autoridades, la falta de inscripción en los registros civiles o factores culturales como que a los niños y niñas no se les considere sujetos con derecho facilitan esta actividad.

El Centro Don Bosco de Porto Novo

El centro que dirigen los misioneros salesianos en la capital de Benín atiende a más de 200 víctimas de la trata de menores, muchos de ellos vendidos como esclavos por sus propios padres. Desde que se fundó en 1999 han pasado por él más de 15.000 menores.

Este centro es un lugar de sanación donde los menores que llegan son acogidos y ayudados hasta que pueden ser reunificados con sus familias. Los que no, encuentran en el Centro un nuevo hogar donde se les hace sentir en casa y se les acompañan mientras van a la escuela o hacen formación profesional.

Los misioneros salesianos se encuentran en casi todos los países de África trabajando en la educación de los jóvenes y atendiendo a los niños y niñas en situaciones de riesgo: menores traficados, como es el caso de Benín, niños de la calle, jóvenes en conflicto con la ley, huérfanos del ébola, niños y niñas soldados…

El misionero onubense Juan José Gómez, director del Centro Don Bosco de Porto Novo, explica lo que en su opinión lleva a esta situación: “Esto se explica por la historia, es decir, como en España hace 40 o 50 años, mucha gente en los pueblos que veía que no tenían posibilidades con sus hijos, los enviaban a un familiar o a alguien del pueblo que vivían en la ciudad para darles la posibilidad de educarse. En Benín, con el tiempo ha degenerado. Ahora no se respetan los acuerdos, sino que la nueva familia cede el niño a otra, luego a otra… Se pierde el hilo de conexión entre el chaval y su origen y la nueva familia no tiene ningún compromiso explota y sacrifica a este chaval y lo convierten en un esclavo".




Una tarea lenta

La rehabilitación y reinserción de los niños y niñas traficados requiere tiempo y paciencia, solo así se consiguen curar su muchas heridas.

Carine Agossou, psicóloga del Centro Don Bosco de Porto Novo, explica que la principal característica de los menores traficados es que sufren una pérdida de su identidad: “Algunos no saben ni quiénes son. Algunos incluso olvidan su lengua local”.

Otro de los psicólogos del centro, Marc Tsandja, cuenta que en algunos de estos niños se puede ver toda la rabia que tienen dentro contra los adultos que les han hecho sufrir esa situación. Y a veces, contra sus propios padres porque les dejaron marchar.

Es por eso por lo que los misioneros salesianos descartan precipitar la reintegración de los niños y niñas. Creen que se trata de un proceso a largo plazo en el que tras hacerles sentirse acogidos, les acompañan en el camino en el que van tomando conciencia de sí mismos y decidiendo cuál será su futuro.

Es gracias a este lento trabajo que jóvenes como Rachidi pueden volver a encontrar la sonrisa. "Que estos chavales que han sufrido lo que han sufrido sean capaces de sonreír, de salir adelante, de encontrarse delante de su padre y abrazarlo o perdonarlo, de decirse el pasado es pasado y no se puede cambiar pero también hay un futuro hacia adelante que tenemos que caminar juntos buscando la justicia. Con eso me quedo, diciendo: si ellos son capaces de perdonar, si ellos son capaces de acoger y reconciliarse con su familia es el mejor ejemplo que podemos tener", reflexiona el director del centro.

En el documental No estoy en venta, se pueden ver otras historias, además de conocer más de cerca el trabajo de los misioneros salesianos para la recuperación de los niños y niñas traficados; junto con todo el trabajo de prevención y sensibilización, para evitar que este fenómeno siga repitiéndose, que llevan a cabo en Benín.

Fuente: EL PAIS
TEXTO: CHEMA CABALLERO

viernes, 11 de marzo de 2016

Uganda endurece los trámites de adopción para combatir el tráfico infantil internacional


El Gobierno ugandés ha aprobado esta semana una nueva ley que exige a los extranjeros con deseo de adoptar que vivan al menos un año en el país antes de formular una solicitud para llevarse a un niño; una modificación aplaudida por la ONG a favor de los Derechos Infantiles que combaten el tráfico infantil en el país africano.  Esta ley, que además prohíbe de una vez por todas la opción de asumir la custodia legal de los niños, lo que provocaba que abandonaran el país por la vía rápida, "pone fin a una larga espera para que el régimen abordara de una vez el bienestar y la salud de los niños", según el diputado Bernard Atiku, impulsor de la nueva legislación.

Cientos de niños ugandeses han sido adoptados durante los últimos años por extranjeros, principalmente estadounidenses, que hasta ahora se limitaban a asumir la custodia legal, sacar a los niños de Uganda y completar el proceso de adopción desde el extranjero. A través de este procedimiento, varios niños fueron extraídos del país por redes de narcotraficantes. No había forma de rastrear el paradero de los niños desaparecidos, según Atiku. Uganda endurece los trámites de adopción para combatir el tráfico infantil internacional

"Los extranjeros han estado manipulando la tutela para sacar a los niños", ha lamentado. Esta extracción ha sido facilitada por la corrupción reinante en el país africano, de la que se han aprovechado los traficantes para sobornar a oficiales o a padres ugandeses, y fomentada por la aparición de orfanatos ilegales dedicados exclusivamente a preparar a niños para adopción.  

Oficialmente existe una ley de adopción, aprobada en 1997, que exigía a los padres adoptivos que permanecieran tres años en el país pero el respeto a esta legislación ha sido completamente nulo. Según los datos del Departamento de Estado de EEUU, el número de niños ugandeses adoptados por estadounidenses creció más del triple entre 2010 y 2013. Un total de 201 niños fueron adoptados en 2014.


De ellos, cuatro de cada cinco niños tenían al menos un padre biológico con vida. Esta nueva ley también aborda esta circunstancia: solo se podrá adoptar a niños sin parientes o tutores conocidos.   "Este es el mejor regalo que el Parlamento podía hacer a los niños de Uganda", ha declarado la directora de la ONG Uganda Child Rights, Stella Ayo-Odongo. "Quienes pretendan adoptar niños ugandeses deberán seguir ahora el proceso de adopción. Se acabaron los atajos", ha declarado.   

Por contra, algunos diputados han manifestado que, a pesar de las buenas intenciones de esta legislación, las oportunidades de muchos niños se verán restringidas si permanecen en el país. "Hay muchísimas situaciones en las que estos niños se encuentran totalmente abandonados", ha contestado el diputado independiente Fox Odoi. "Su único rayo de esperanza es que aparezca un extranjero dispuesto a llevárselos", añadió.

Fuente: Europa Press/Reuters

domingo, 28 de febrero de 2016

La aldea de los mil niños huérfanos: pequeños marcados por la tragedia del sida



A simple vista, Nyumbani Village parece un pueblo como otro cualquiera de Kenia. Casas, caminos y cultivos con ese aire de "estamos trabajando en ello" que rezuman las aldeas kenianas, pero su demografía es inusual: mil niños y un centenar de abuelos, todos afectados por la tragedia del sida.

Unos perdieron a sus padres y otros se quedaron sin hijos por culpa de la enfermedad, en algunos casos dentro de la misma familia. Ahora viven juntos en un aldea sostenible creada hace diez años por la ONG Children of God Relief Fund en Kitui, en el centro del país.

"Todos han pasado por situaciones terribles y muchos han sido maltratados, no tanto por la enfermedad, ya que solo 81 niños están infectados, sino por su condición de huérfanos o por haber perdido la seguridad económica que les ofrecían sus hijos", explica el director de Nyumbani, Rafael Nganga.

El pueblo cuenta con dos escuelas, un centro politécnico, una modesta clínica y varios pozos de agua. Todo gira alrededor de una premisa: ser lo más autosuficientes posibles para reducir costes e integrarse en el entorno.

Los niños viven en grupos de diez acompañados por una abuela (en realidad son 93 abuelas y seis abuelos), que solo tiene lazos de sangre con algunos de ellos, pero que los cuida a todos como si fueran suyos. Es importante que se sientan parte de una familia y, al mismo tiempo, mantengan los valores de su comunidad. Cada una de las casas, agrupadas de cuatro en cuatro, dispone de una pequeña parcela de tierra en la que las abuelas cultivan maíz, legumbres y otros vegetales con la ayuda de los niños, igual que harían si no estuvieran en Nyumbani.


Y, desde hace unas semanas, también tienen electricidad. Antes, cuando los nietos adoptivos de Agnes Kilawa volvían a casa después de un largo día de colegio, ya casi de noche, una lámpara de queroseno era todo lo que tenían para alumbrar el pequeño salón donde hacen los deberes y cenan, pero la llegada de la energía solar lo ha cambiado todo. La iniciativa "Luz en los hogares", promovida por Amigos de Nyumbani y diseñada y ejecutada por Energía Sin Fronteras, ha permitido instalar paneles solares que suministran electricidad a las 161 viviendas de Nyumbani Village.

 "Antes estábamos casi a oscuras; no teníamos ni una bombilla en el salón. La energía solar nos da luz en cada habitación y es muy diferente para los niños", comenta Agnes, que reconoce que a ella también le ha venido bien tener más luz cuando cocina o cuando teje cestos de mimbre que luego vende para sacarse un dinero extra.

Fuente: 20 MINUTOS



lunes, 4 de enero de 2016

Madrid acoge un concierto solidario a favor de los huérfanos de Etiopìa, Mali y Burkina Faso

Desde 2004, Mundi Actúa impulsa programas de desarrollo en Etiopía, Burkina Faso y Mali, donde ayuda directamente a más de 1.000 niños en situación de desprotección total a través de diferentes programas.

En la actualidad están especialmente preocupados por la situación en Ruanda, donde viven 35.000 niños abandonados en orfanatos. Por ello, el objetivo de este concierto es recaudar fondos para mejorar las condiciones de vida de los menores que no tienen un hogar y sueñan en centros de acogida con encontrar una familia, como explica Milyn Jones, organizadora del evento y miembro de la ong.

El concierto tendrá lugar en el Teatro del Centro Cultural Adolfo Suárez de Tres Cantos, el sábado 9 de enero, a las 17,00 horas. Una ocasión para colaborar bien con la compra de la entrada a 10 euros, o haciendo donativos de más de 5 euros a través de la fila cero. Recaudación que la ong destinará íntegramente a sus programas.

En el escenario actuarán bandas musicales de jazz, folk y blues como The Potato Monsters, TwoNight, Carolina Gru Quilici, Novoa, Chiaki Mawatari, Argeus Clasica o Kris Soul, entre otros.

Las entradas pueden adquirirse en ticketea.com o desde dos horas antes del concierto en la taquilla del teatro.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Angola esconde a los niños de la calle por los 40 años de su independencia

Los niños de la calle de Luanda fueron recogidos por autobuses y hacinados en orfanatos antes de los festejos por los 40 años de la independencia de Angola que fueron este 10 de noviembre del 2015, en un intento de las autoridades de esta excolonia portuguesa de ocultar la miseria de la capital.

“El gobierno decidió limpiar la ciudad desde finales de octubre para dar una buena imagen” de Luanda, explica João Facatino, director de uno de los orfanatos privados de Luanda, el centro de acogida de niños Arnaldo Janssen (Cacaj) .


Son las doce. Un autobús llega al centro, escoltado por un policía. Adentro, ocho niños agotados aguardan en silencio. Una pequeña tiene los ojos llenos de lágrimas. João Facatino, un misionero de pelo rapado y barba ligeramente canosa, se indigna de que el gobierno no participe en el funcionamiento de los orfanatos, que son todos privados a excepción de uno, y del método - llevar a los niños a la fuerza - inadaptado, según él. “La mayoría de los niños se escapa la primera noche”, constata. “Se necesita una buena preparación psicológica antes de acoger a un niño que no tiene la costumbre de obedecer reglas”, explica. Varios miles de niños viven en las calles de Luanda, una capital de 8 millones de habitantes, según estimaciones de una ONG.

La mayoría tiene familia, pero fueron abandonados por razones económicas o echados de sus hogares debido a sospechas de brujería. “Cuando un miembro de la familia muere o está enfermo, se debe encontrar un culpable, explica Facatino. A menudo, se acusa a los niños más traviesos”. Algunos niños simplemente se perdieron y otros, víctimas de abusos, huyeron de sus hogares.

Empleados de orfanatos sin sueldo 

El orfanato de João Facatino ofrece una formación profesional a los menores. “Algunos son ahora abogados o ingenieros en compañías petroleras”, afirma orgulloso el director, una profesión muy útil en un país que se ha convertido en un gigante petrolero.

Este centro acoge a 110 niños de entre 7 y 18 años. Treinta de ellos llegaron desde octubre, fecha de inicio de la operación lanzada por las autoridades angoleñas. Para ir del comedor a las clases o a los dormitorios, los niños tienen que pasar por fuera, por un camino lleno de lodo. Para beber, llenan su vaso desde un barril oxidado que recupera el agua de lluvia. “Nos faltan medios. El mes pasado no pudimos pagar los sueldos de los empleados y este mes tampoco podremos”, cuenta Facatino. 

Un televisor, instalado en el comedor, es la única distracción para los niños, además de unos pocos talleres de manualidades. “Unos niños van a la escuela por la mañana, otros por la tarde y los mayores por la noche, no hay espacio suficiente para todos”, explica el director del establecimiento. Durante una reunión organizada por las autoridades en octubre para anunciar el operativo, los responsable de los orfanatos consideraron que “el método empleado no es el ideal”, explica Facatino. 

Una forma de hablar que refleja el miedo que reina en este país controlado con mano de hierro por el presidente José Eduardo dos Santos desde 1979. “El gobierno está al tanto de nuestra situación”, estima este misionero, pero “para cambiar las cosas, se necesita invertir. Y pese a las promesas - añade - no creo que esté en el programa”.

Angola consiguió su independencia de Portugal en 1975,  y las festividades arrancaron el pasado día 10 con un concierto del cantante estadounidense Stevie Wonder y del grupo Jackson 5. El miércoles 11 unos 7 000 invitados, incluyendo a 100 representantes de países extranjeros, asistirán al desfile militar organizado en una de las principales arterias de la capital.

Fuente: El comercio.com
Foto: AFP

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