viernes, 25 de septiembre de 2009

"Káleb, tú eres nuestro hijo"




España es el primer país europeo en número de adopciones internacionales. De África, Etiopía es el que más garantías ofrece. Javier y Clara, padres de Alicia, decidieron adoptar a un menor etíope. Los tres fueron a Adís Abeba al encuentro de Káleb. Hoy es uno más de la familia.

Me quedo mirando a Clara y espero que desarrolle la idea que acaba de manifestar: “A veces se me olvida que tengo un hijo negro”. Y lo hace: “Sí, es muy curioso lo de la raza. Al final es como si fuera rubio o con los ojos verdes, tan anecdótico”. Me giro y miro a Alicia, mi hija biológica de tres años. Efectivamente, creo que Káleb y ella son muy diferentes, lo suficiente para seguir creyendo lo que tantas veces se dice de que se quiere igual a un hijo natural que a uno adoptado.

Káleb nació en Etiopía y a los tres meses lo llevaron a un orfanato en la región de Hosanna, al sur del país. Cumplió un año en diciembre pasado y nuestro primer encuentro se produjo en Adís Abeba a mediados de enero, dos años después de tomar la decisión de que nuestro segundo hijo fuera adoptado. La mayoría de las parejas y familias monoparentales que deciden adoptar lo hacen porque es el último recurso que les queda para ser padres. Otros, nosotros entre ellos, tenemos como motivación la sencilla idea de que queremos aumentar la familia y, desgraciadamente, hay niños a los que les falta.

España es el primer país de Europa en número de adopciones internacionales y el segundo en el mundo después de Estados Unidos. Los principales lugares de origen de los niños adoptados en España son Rusia, China y Sudamérica. El 55 por ciento de las adopciones internacionales en España se producen en Rusia y China, “pero estos países han mejorado económicamente, invirtiendo en medidas de protección a la infancia, así que se dan menos niños en adopción”, explica Joaquín García, presidente de la Asociación Asturiana de Adoptantes.

“En 2005 –añade– las adopciones en China tardaban ocho meses. Ahora están tardando, como mínimo, tres años y medio o cuatro, y aumentando. China ya no admite familias monoparentales, ha establecido nuevas condiciones de renta y patrimonio de los adoptantes, y otros requisitos más curiosos como que no pueden ser obesos”. 



Garantías suficientes

Un efecto de estos cambios es que últimamente se elige, cada vez con mayor frecuencia, a países africanos. El año pasado, el 13 por ciento de las adopciones que se produjeron en la Comunidad de Madrid correspondía a niños africanos. Etiopía se ha convertido en el tercer país de origen de niños adoptados en España.

“De toda África, es el país que más garantías da para adoptar a un menor. Etiopía tiene unas instituciones que se encargan de la protección de menores y cuenta con un Ministerio de Asuntos Sociales y de la Mujer”, explica Ana Picazo, presidenta de la ECAI (Entidad Colaboradora de Adopción Internacional) Cielo 133, una de las dos que tramitan adopciones de niños etíopes en la Comunidad de Madrid.

La ECAI actúa como mediadora en materia de adopción internacional de menores ante las autoridades competentes, tanto españolas como extranjeras. Se compromete a velar por la protección de los menores, conforme a la legislación española y los principios rectores recogidos en la Convención de los Derechos del Niño y otras normas internacionales. Además, se compromete a proporcionar en todo momento el apoyo técnico, profesional y humanitario a los padres adoptantes y, posteriormente, a la familia una vez realizada la adopción.

El proceso de adopción internacional varía en función del país de origen de los menores, pero en términos generales todos los padres que desean embarcarse en esta vertiginosa aventura pasan por las mismas etapas: charlas informativas, entrevistas con psicólogos y trabajadores sociales para obtener el certificado de idoneidad (sin el cual no es posible adoptar), cursos, asignación del menor, juicio y, finalmente, el viaje. Todo esto en periodos de tiempo indefinidos, cargados de incertidumbre, que hace que la espera en algunos momentos resulte dura. 



A la espera del juicio


En julio pasado aceptamos la asignación de Káleb. Después de meses pensando en él, leyendo y releyendo algunos correos electrónicos enviados por voluntarias de la casa donde se encontraba con otros niños que también serían adoptados, con fotos que nos habían llegado colgadas en nuestro salón y ya con las maletas listas para viajar a Etiopía, se nos comunicó que el juicio, por el cual ya sería legalmente nuestro hijo, había resultado nulo por falta de documentación del Ministerio etíope de Asuntos Sociales y de la Mujer, responsable de los procesos de adopción. Fue el momento más duro en nuestro proceso. Eso significó dos meses más de espera y el temor a que la siguiente fecha no fuera la definitiva. Pero lo fue. Se volvió a celebrar el juicio y Káleb ya era nuestro hijo.

En la mañana del 14 de enero, un avión de Ethiopian Airlines aterrizaba en la pista del aeropuerto de Adís Abeba con una veintena de padres y algunos niños a bordo, nerviosos ante lo que iba a ser uno de los días más importantes de nuestras vidas. Nervios, sonrisas, lágrimas, abrazos, besos, grabaciones, fotos, risas, caricias, sustos y mil cosas más ocurrieron esa mañana en la casa de la ECAI donde los niños habían pasado la última etapa de sus vidas, entre el orfanato (público o privado) y una familia adoptante.

Káleb nos recibió cauto, algo tímido, sin quitar ojo. Todavía en los brazos de su cuidadora miraba a Clara, mi mujer, miraba a Alicia, nuestra primera hija, me miraba a mí, y alargaba su mano para tocarnos. Quería tocarnos. Quería saber algo de nosotros. Su sonrisa llegó sorprendentemente pronto. “Así que eres tú. Tú eres Káleb. Tú eres nuestro hijo. Nosotros somos tus padres. Alicia es tu hermana”. Con sus grandes ojos fijos en los tres, acogió nuestras primeras palabras.

En Etiopía, las ECAIs están obligadas a dos cosas. Por un lado, a tener una casa en el país donde viven los menores en situación de ser adoptados que ya tienen padres asignados. Por otro lado, a crear y mantener algún proyecto de desarrollo en el propio país.

La casa donde vivió Káleb los últimos meses es perfecta para estos niños. Un ambiente muy agradable donde cuentan con una buena alimentación, atención, disponen de una pediatra que les supervisa y los que son más mayores reciben clases de castellano. Es una casa de transición entre la vida que tuvieron antes, en la mayoría de los casos con fuertes carencias, y la de una vida familiar, con unos padres que estarán dedicados a ellos a tiempo completo y en exclusividad.
 
Una experiencia distinta
Desde el primer día en Adís Abeba, Káleb ya estuvo con nosotros y con el resto de familias adoptantes, conviviendo durante 12 días en un pequeño hotel junto a una de las avenidas más comerciales de la ciudad, hasta que los pasaportes de los niños y el visado de la embajada española estuvieran listos para volver a España.

Una experiencia preciosa, absolutamente distinta a todo lo que se puede vivir. Personas que no se conocen, que vienen de lugares distintos, ambientes diversos y vidas diferentes, juntos en un país de África y unidos por el deseo de amar a un niño, darle todo lo que se merece y recibir lo que sólo un hijo puede dar.

Káleb se integró perfectamente desde el primer momento. Al principio, algo más cohibido, menos expresivo, pero le veíamos tranquilo y feliz. Según han ido pasando los días, ha ido ganando en confianza y en estos momentos parece como si lleváramos con él toda la vida. El hecho de tener una hermana, que ha vivido junto a nosotros todo el proceso de adopción desde el inicio hasta el final, ha contribuido mucho a que la adaptación esté yendo tan bien.

“Hasta hace poco, en África la adopción no tenía sentido. Cuando morían los padres del menor el resto del clan familiar, los abuelos y los tíos, de forma natural, se hacían cargo del niño como si se tratara de un hijo más. Pero la expansión tan brutal del sida está provocando tal avalancha de muertes que a las familias no les queda otro remedio que llevar a los pequeños a centros como éste”, me decía hace seis años una religiosa española en su misión de Lilongüe, la capital de Malaui.

Recuerdo perfectamente cómo en ese momento, rodeado de unos 50 niños huérfanos, sin familia, que me miraban curiosos, se me pasó por la cabeza la misma idea que a muchos de los que hemos viajado a estos países golpeados: el impulso de acoger a uno de ellos y compartir con él la vida. Pero no era el momento.

Elegimos Etiopía porque, aunque en un principio pensábamos que la adopción en África era demasiado complicada, por mi trabajo como periodista estoy ligado a este continente y, después de buscar información en algunas revistas especializadas en adopción y asistir a la charla informativa que da el Instituto Madrileño del Menor y la Familia, descubrimos que Etiopía era nuestra mejor opción.


Respuesta del entorno
Uno de los temas más frecuentes que aparecen en los libros sobre adopción, en los cursos, charlas y conversaciones es la respuesta que recibirán los padres adoptantes por parte del entorno: la familia, los amigos, el barrio…

La sociedad española ha cambiado mucho en los últimos años. Convivimos gente de todas las razas y la adopción es un hecho que ha ido creciendo y al que gran parte de la población ya está acostumbrada, aunque sigue llamando la atención y genera mucha curiosidad. Pero la respuesta que estamos recibiendo, la acogida que está teniendo Káleb en su entorno, no podía ser mejor. La gente se acerca, te pregunta desde el máximo respeto, le hablan, le sonríen y él se muestra contento en todo momento. Es uno más.

Tener a Káleb y a Alicia es lo mejor que nos podía pasar. Detrás de esos grandes y hermosos ojos etíopes está su pequeña historia, que nos hace pensar en una madre que no pudo quedarse con él, en una región del sur de Etiopía que no conocemos (¡quién sabe si algún día lo haremos!), y en un país aún por descubrir. A medida que vaya creciendo, le irán surgiendo muchas preguntas sobre su origen y por qué está en otro país. Y estaremos con él para darle las respuestas. 


Texto: Javier Sánchez Salcedo

1 Opinan...:

emma dijo...

Conozco virtualmente a Javier Sanchez Salcedo, fotógrafo, y a su esposa Clara, periodista. Él hace unas fotos muy buenas y sus hijos son muy guapos.
Un saludo

TE ASESORAMOS CON PROFESIONALIDAD

Si estás iniciando un proceso de adopción internacional por la vía del protocolo público y necesitas asesoramiento para preparar tu expediente ponte en contacto con nosotros. Somos conscientes de la dificultad burocrática y administrativa que supone preparar un expediente de adopción o legalizar cualquier otro documento para el extranjero, por eso Deniko es una empresa especializada en la legalización y traducción jurada de documentos españoles que deben presentarse en cualquier país extranjero.


No importa en que comunidad autónoma de España residas, nosotros tramitaremos tus documentos para que puedas presentarlos rápida y eficazmente.


Nuestra empresa se encarga de legalizar cada uno de los documentos de tu expediente, asesorarte para saber donde obtener cada uno, te facilitamos modelos y nos encargamos de la traducción del expediente al idioma al que sea necesario.

Nuestros clientes no son solo familias adoptivas, sino también empresas o particulares que deben presentar documentación en el extranjero por diversos motivos: herencias, adquisición de terrenos, creación de empresas, constitución de sociedades, celebración de matrimonios, trámites de extranjería, registro de defunciones...


Puedes escribirnos a: adoptarenafrica@gmail.com y te elaboraremos un presupuesto personalizado, ajustado y sin compromiso.

Related Posts with Thumbnails
 

Blog Template by YummyLolly.com